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miércoles, 8 de octubre de 2014

Ébola, misioneros y el perro Excalibur


En los últimos días y a raíz del positivo de la enfermera Teresa Romero Ramos en el Hospital Carlos III de Madrid, el virus Ébola vuelve a ser primerísima noticia. Acaba de confirmarse que la auxiliar gallega se contagió al tocarse la cara con los guantes mientras trataba al religioso Manuel García. La alarma social es similar a la del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) o la Gripe Porcina y hay expertos que señalan que es más débil de lo que se dice. En todo caso, los medios están saturando con todo tipo de información y sin embargo la nota común es una falta de información sobre aspectos esenciales del virus. Al mismo tiempo, las bromas en las redes sociales, las imágenes manipuladas, la protesta para salvar al perro Excalibur, etc. hacen que sea difícil mantener el foco de atención en el lugar correcto (si es que lo hay). El objetivo de este artículo es el de ofrecer una información objetiva sin entrar en polémicas de tipo conspiranoico o animal para conocer de forma técnica y sencilla qué es el virus Ébola, cuáles son sus efectos y cuáles son las medidas que están tomándose para contenerlo. 


 Se llama así por el río en el que fue identificado por primera vez en 1976 en la República del Congo. Existen diferentes tipos de cepas: la Zaire, la Sudán, la Reston, la Tai-Forest y la Bundibugyo. La primera es la de más repercusión ya que tiene los índices de mortalidad más altos y es la que llegó a España en agosto de 2014. Inicialmente los murciélagos son los que transmiten el virus, bien mediante el contacto directo (ingerir una fruta que ha sido mordida por el animal) o bien permaneciendo mucho tiempo cerca de él. También puede ser transmitido por primates, antílopes y puercoespines. Entre humanos se propaga con más facilidad: segregaciones directas como sudor, sangre, lágrimas, etc. o manipulación de objetos personales contaminados como la ropa. 
El "paciente cero", primera persona contagiada por el actual brote de Ébola, fue un niño de dos años de una ciudad al sudeste de Guinea-Conakry que presuntamente comió fruta infectada. Transmitió la enfermedad a su madre, a su hermana y a su abuela y todos murieron en menos de un mes. En el sepelio de la familia se propagó a otras personas y así comenzó la ruta de la cepa que ha sido investigado por The New England Journal of Medicine






Los expertos señalan que no todas las personas tienen el mismo riesgo de contagio y advierten que los grupos con más probabilidad son el personal sanitario, por su contacto con los enfermos; las familias, especialmente en África donde suelen ocultarlo por temor a represalias y a ser marginados; y las personas que intervienen en los entierros. El virus sigue vivo lo que obliga a sellar ataúdes, incinerarlos y eliminar los objetos personales que puedan estar contagiados. Cuando el virus infecta a una persona, primero hay un periodo de incubación de entre 7 y 20 días antes de que aparezcan los primeros síntomas: dolores de cabeza, mareos, vómitos, etc. Después se detectan inflamaciones y hemorragias por la ruptura de los vasos sanguíneos hasta que la persona acaba muriendo en el 90% de los casos de Ébola-Zaire. 



Otro de los motivos que agravan la enfermedad es la ausencia de tratamiento. El personal sanitario trata las hemorragias e intenta bajar la fiebre para contener los efectos. Hay un suero en periodo de experimentación con ratones y en España se está usando el suero de una monja que sobrevivió a la enfermedad. Los países con más casos de Ébola detectados son Liberia y Sierra Leona donde las cifras oficiales giran en torno a los 3 mil muertos aunque se sabe que hay muchos más. 
Las medidas que se están tomando para contener el virus son:
1. Que no se expanda en grandes ciudades por la facilidad que tiene la cepa de propagarse.
2. Interrumpir la circulación masiva de personas en las zonas afectadas, por ejemplo, cancelación de vuelos desde y a los países con más casos.
3. Cuarentenas en zonas afectadas.
4. Movilidad del ejercito para ayudar en tareas de contención.
5. Regular el modo de enterrar a los fallecidos (por ejemplo, no pueden realizarse autopsias ya que el virus ataca al tejido conjuntivo).
6. Nuevas instalaciones para acoger a los afectados y tratarlos.
7. Concienciar a la población sobre los riesgos.
8. Centralizar la respuesta y evitar improvisaciones médicas.
9. Reforzar la protección del personal sanitario además de prepararlos y entrenarlos para saber qué hacer en todos los casos. 

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